Hay peores cárceles que las palabras
“Eres tú. Indudablemente te reconocí. Eres quien rompe esta maldita rutina de andar merodeando sólo e indiferente por la vida. Te descubrí en el instante perfecto en el que coincidí con esa mirada infinita en aquel albor de septiembre. Tu sonrisa pícara y espontánea, libre y sin presunciones me sedujo y hasta hoy sigue consumiéndome."